sábado, 18 de abril de 2009

Cuidar desde el resto

Viene llegando la hora de cuidar desde un lugar distinto, porque ahora tengo "resto", un nuevo "resto" para hacerlo.
Ya no es cuidar a otros, ni cuidarse de los otros, sino tan solo cuidarme y desde ahí, ser con los otros, estar atento frente a los otros.
Significa pensar dos veces antes de actuar, ya no es actuar sin saber qué es lo que me mueve a hacerlo; se trata de apelar a este "resto" que tengo para descubrir a pleno lo que poseo, lo que quiero, lo que aspiro, todo esto desde adentro.
ESTO ES CUIDAR, DESDE ESTE NUEVO "RESTO"
Nos vemos
Mauricio

miércoles, 1 de abril de 2009

De como de tener que escribir un discurso para alumnos terminé recorriendo mi historia y reparé más cosas, haciendo lo que me gusta

Amigos, les comparto un discurso que escribi para alumnos de primeria y de los años mas chicos de la secundaria de un colegio. Fue un momento/espacio/situación de aquellas que entiendo que hacen a la síntesis de la vida. Ahí va.

Cuando comencé a elaborar estas palabras, decidí situarme en un lugar que fuera cercano para ustedes ya que como vimos, todo lo relativo a Malvinas suena en los oídos de los alumnos pero resulta lejano.
En abril de 1982 había comenzado 7mo grado en un colegio y una mañana en la formación nos avisaron que habíamos recuperado las islas Malvinas. Había un clima de mucha alegría que me hizo acordar al día en que ganamos nuestro primer mundial de futbol en 1978, ocasión en la que mi papá y mi mamá me llevaron a festejar a la calle junto a mis hermanos. En el colegio noté el mismo clima y a la tarde vi en la tele mucha gente que fue a Plaza de Mayo. Pero algo me llamó la atención: mi papá no estaba contento, ni me llevó a la plaza. No le pregunté porque.
En los días siguientes, el clima siguió festivo. En el colegio después de izar la bandera, cantábamos todas las mañanas una nueva cancion: la marcha de las Malvinas. Al mismo tiempo, juntábamos cosas para los soldados que iban al sur. Yo seguía entusiasmado con todo esto, escuchaba en la tele todas las noticias y cuando se hizo un programa de TV que duró toda la noche para recaudar fondos para los combatientes, pedí permiso para verlo y me dejaron acostarme muy tarde esa noche. Pero papá y mamá seguían sin estar contentos.
Algo me llamó la atención a los pocos días y no podía entenderlo tanto: mi tío que es militar fue convocado para ir a una ciudad del interior para estar disponible por si tenía que participar en algo. Yo recibí un regalo. En una bolsa y sin cartas, me llego la camiseta de rugby que mi tío había usado cuando era chico. En ese entonces no entendí porque me la regalaba si yo jugaba al tenis y no al rugby. La guardé. Mi papá no me dijo nada pero lo noté emocionado. Ahora con los años entiendo ese regalo y mas que guardar la camiseta, guardo el gesto en mi corazón.
Pocos días antes de mi cumpleaños, en mayo, algo cambió: un barco lleno de gente se hundió. Era increíble, festejábamos que nosotros derribabamos aviones y naves de los ingleses pero nos producía una tremenda tristeza, saber que chicos de 18 años se habían muerto en el crucero General Belgrano. No nos dábamos cuenta que tanto los argentinos como los ingleses eran personas. Solo nos daba tristeza que murieran los nuestros.
Mas tarde, la información era cada vez menor y mis papás seguían tristes y preocupados. Nosotros seguíamos cantando la marcha y rezábamos cada vez, tanto que creímos que por esa razón, nos visitaba el Papa. La revista Gente de esa época decía: seguimos ganando, y yo lo creía. Cuando llegó el Papa Juan Pablo II, ese día sí papá y mamá nos llevaron a verlo. Hubo otra vez festejo y alegría, pero distinto a lo del 2 de abril. A los dos días que el Papa se fue, se anunció el fin de la guerra de Malvinas. Con los años entendí su mano prodigiosa atrás de todo esto, expresión del amor de Dios Padre.
Todo esto relato personal e histórico –mis alumnos pueden testimoniar que incorporé el proceso del trabajo del historiador en su confección-, me lleva a decirles que llegando al umbral de los 40 años –ojo que todavía falta mas de un año-, que la guerra no es algo que debe llenarnos de alegría o de conformidad. Si bien hay heroísmo en todo combate y hay razones nacionales que son importantes, la gente sufre, personas mueren, personas se quedan sin sus seres queridos, los pueblos nos confundimos y celebramos lo incelebrable y puede pasar que chicos de doce años como yo, cuenten la cantidad de aviones que les “quebramos” a los ingleses con entusiasmo. Eso no es bueno
Lo que es bueno es reconocer que la vida es un valor supremo, que los veteranos de guerra –aquellos que pelearon –muertos y/o sobrevivientes- deben tener un reconocimiento especial en este día y con otros gestos y que la vía de negociación diplomática es la salida para reclamar por una causa justa como la soberanía sobre NUESTRAS ISLAS MALVINAS. En ese sentido, reconozco la labor democrática de todos nuestros presidentes desde 1983 a la fecha que no nos volvieron a llevar a la locura de una guerra: Alfonsín –quien falleció anoche y merece nuestro gesto de duelo-, Menem, De la Rúa, Duhalde, Kirchner y Cristina Fernandez de Kirchner. Privilegiaron la vía diplomática y mas allá de coincidir políticamente con ellos o no, debemos reconocer que nos nos volvieron a llevar como pueblo a la sangre con otras naciones. Vivamos pensando que la cultura de la vida en todo sentido –no solo frente al tema de la guerra- debe ser nuestra meta y destino.