En el último libro de María Elena Walsh -que se llama "Fantasmas en el parque"-, se reproduce una situación que pertenece a una novela de Eudora Welty.
"Una desconocida golpea las manos y pregunta desde la puerta de calle alambrada
¿Puedo pasar?
Ni se le ocurra, contesta la dueña de casa, ¡no me entra una persona màs en la cabeza!"
Más de una vez, uno se siente lleno de cosas en la cabeza y en el corazón.
Algunas son propias y otras ajenas.
Algunas son gozosas y otras tristes.
Algunas son compartibles y otras ìntimas y reservadas.
Y siempre la tentación.
Cerrar la puerta para que no entre nadie más, no más información, no más vínculos, no más secretos, no más sensaciones, etc.
Y lo único que he descubierto con los años, es que tras cada no, uno pierde mil oportunidades.
De ser más.
De hacer más.
De ser más con otro.
De dar más.
De sentir más.
¡Qué desafìo dejar entrar más personas en la cabeza, en el alma, en el cuerpo, en el corazón!
Pero que necesario, vital y reparador que resulta.
Nos vemos
Mauricio
¡¡¡ Qué bueno, Mauricio, dejarnos entrar en tu espacio vital!!!
ResponderEliminar¡¡¡ Gracias por la invitación que es compartida!!!
Nos vemos.
Ma. Julia
¡Impresionante la respuesta de la dueña de casa!
ResponderEliminarY, sin saber decirlo así, cuántas veces sentimos lo mismo y cuánto nos perdemos!
Que buena la compañía que hacen ambas. Que bueno sería que todos encontremos espacios de expresión y espacios de hacer lugar al otro, no?
ResponderEliminarGracias por todo
Mauricio
termino de preguntar ¿Puedo entrar? y se me arrejunta otro, por tanto, repregunto: ¿Podemos entrar? Losdelotrolado.
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