Como padre de niñas que concurren al Nivel Inicial –Jardín de infantes dicho en criollo- y típico cuarentón reciente que no quiere perderse paso de la vida de sus hijas –maravilla metrosexual de estos tiempos, el derecho a ser padre y a poder vivirlo sin reglas por cuestiones de sexo, género o como quieran llamarlo-, tengo mi tanda diaria de lectura de los cuadernos de comunicados de ambas. Todavía no me repongo de un episodio vivido hace un tiempo y creo que la única forma de curarme al respecto es poner mis ideas por escrito. Introduzco la situación antes de ir a la anécdota y empezar a reponerme de a poco. No sé que les parece a uds. esta forma curativa, escucho opiniones.
La menor va al Jardín Maternal de un mega colegio católico perteneciente a un Obispado del conurbano –allí también concurrió la mayor-; va a ese jardín porque a nivel maternal es excelente y yo creía en cierta teoría educativa que dice que a los chicos hay que ofrecerle para su escolarización el mejor nicho educativo. Ya no creo más esto y por eso la pequeña está pronta a partir para iniciar su sala de dos años en el colegio adonde concurre su hermana mayor, quien se apresta a iniciar en 2011 el "célebre preescolar" en un colegio también católico pero que tiene su fortaleza en la propuesta pedagógica y que depende de laicas consagradas católicas. Con mi mujer elegimos este colegio porque ofrece lo que creemos la mejor formación personalizada de la zona. El tiempo –que no para- nos lo irá develando.
En julio de este año, leyendo pues el cuaderno de tapas amarillas a lunares de la menor encontré una invitación que me dejó bastante perplejo: invitaban a alumnos y a padres a movilizarse juntos en búsqueda de lograr un rechazo a la ley de matrimonio igualitario que se avecinaba como próxima a ser sancionada. Salí corriendo a buscar en el cuaderno de mi otra hija la misma nota y noté que no llegó ese día ni en los días subsiguientes. Esa escuela también católica no promovió ninguna acción tendiente a movilizarnos en torno a ese tema.
¿Por qué una escuela que depende directamente de un Obispo me envió esa nota y la otra escuela que no tiene esa canal directo de obediencia nada hizo al respecto? A partir de ahí, comenzaron a circular en mi cabeza muchas y variadas ideas. Me parece que a esta altura del partido se puede decir que me preocupa un importante sector de la Iglesia Católica en su accionar educativo.
Se trata del sector que está ligado directamente a los Obispos y que no ofrece autonomía decisional con respecto a los matices que deberían dejarse en margen de libertad en lo que hace a la moral cristiana. Más que un garante de la escolaridad privada, más que un guardián de la libre opción de padres de educar a sus hijos, ha encontrado en este terreno el último bastión de poder terrenal para seguir vigente como actor destacado de la escena política nacional.
Veo convocatoria de movilizaciones en términos de seguridad para aquellos que poseemos más que otros y de moral sexual, pero no he visto grandes concentraciones en torno al respecto a la libertad, a la identidad y lo que es más grave, a la pobreza. Hace unos días Monseñor Casaretto reclamaba que los políticos dejen de lado su protagonismo personal. Me pregunto: ¿Y por casa como andamos?
Siento que muchos Obispos –y con ellos los laicos que no se sienten católicos si no hablan desde una tribuna eclesiástica que parecería garantir su discurso como propio del sector- se animan a plantear movilizaciones en los terrenos en los que se sienten cómodos –no sé porque moral sexual es uno de ellos con las grandes dificultades que está teniendo la Iglesia Católica con los curas abusadores, situación que no es exclusiva de países europeos sino también de nuestra querida patria-.
Por eso cuando los fracasos arrecian –como en la mesa del diálogo político y en las negociaciones en terrenos sociales como las discusiones sobre asignación universal por hijo y otros, etc- porque no saben moverse con las coordenadas del mundo político y del mundo de la comunicación, se repliegan en la educación. ¿Por qué? Porque allí aún son dueños, son propietarios de tal escenario, pueden "invitar" desde el lugar del patrón más que del servidor. Con respecto a la pobreza, hay declaraciones de Obispos comprometidos con el tema pero no he visto movilizaciones que hagan que la ciudadanía reclame o pida en forma solidaria para sus hermanos cristianos. Como si la vida sexual de algunos argentinos fuera más importante que la alimentación, vivienda, escolaridad de tantos otros habitantes de esta nación. No hay políticas escolares –mas allá de tiernas iniciativas locales- que apuntan a tomar el reclamo por una vida mejor para los hermanos como eje medular de la formación de los niños y adolescentes en la escuela católica.
Muchos católicos que podemos enviar hijos a la escuela católica podemos tener visiones diferentes a la de los Obispos y no por eso ser pecadores, ni menos "católicos". Ciertamente con libertad, con autonomía, nos corremos algo del espacio ritual manejado por otros, pero eso no quiere decir necesariamente y volviendo a la anécdota inicial que culturalmente estemos capacitados para convivir en el marco del matrimonio igualitario. Simplemente no somos nadie para decirle a otros lo que está bien y lo que está mal. Eso es tal vez el espíritu católico con el que queremos educar a nuestros hijos. Ojalá que el sector de la Iglesia Católica al que me refiero torne más la mirada a las actitudes de Jesús, el misericordioso, el que no tenía ambición de poder, el que daba descanso a todo aquél angustiado y necesitado de su ayuda, aquél que invitaba a toda persona a vivir en la libertad de los hijos de Dios.
Un abrazo
Mauricio
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